Del conducir un globo: el camino del Ser Reconectado
Continuamos nuestro artículo del mes de noviembre, titulado “Reconexión Axiotonal: una elección de vida” para intentar describir con meras palabras el camino del Ser Reconectado: una descripción metafórica para un Camino muy pragmático.
Durante el camino de nuestra vida, tomamos consciencia de modo gradual de nuestra esencia. Los que tienen más “suerte” accederán a una mayor consciencia de ellos mismos; otros, seguirán en lo suyo hasta su próximo desafío.
No obstante, compartimos todos las mismas características: al principio del camino somos cacofonía, dejando muchas energías, bloqueos, condicionamientos mezclarse de manera dramática con la vibración energética de nuestro Ser; esas mismas hablando por (en vez de) nosotros. De modo paulatino, al descondicionarnos, purificamos nuestra vibración global como si ésta volviera a parecerse al sonido puro de un Stradivarius tocado por Isaac Stern.
“La iluminación no es una condición estática. Es un hambre perpetua de más y más experiencias del Ser Reconectado. Una vez que el proceso ha empezado de verdad, puede ser retrasado pero nunca parado. Entonces espera, y todo será cumplido.”
Cada uno de nosotros se parece a un globo aerostático: tenemos todos el mismo globo con su aire caliente, su caldera, su cesta y probablemente los mismos lastres aunque de diferentes colores.
Al encarnarnos empezamos con un lastre provenientes de la familia que elegimos y con la que somos compatibles energéticamente e iremos añadiendo algunos más a medida que aprendemos de manera “errónea” nuestras lecciones (creando así los bloqueos emocionales/energéticos).
Ese lastre permite – al atraerlo – que aprendamos/experimentemos las lecciones/experiencias para las cuales hemos elegido nacer en ese momento en el mundo físico.
¡Dónde estaría el divertimiento si supiéramos de antemano conducir nuestro globo sin traba alguna!
¡Para qué encarnarnos entonces!
Por lo tanto, después de la primera fase de almacenamiento de los “errores” (o lastre), nos toca aprender a conducir y controlar en todos sus posibles movimientos nuestro globo.
Obviamente un globo que acarrea todo su lastre (o con algunos ya quitados) es difícil de manejar. Como mínimo es caótico y pesado. También dudamos si querer levar el anclaque nos tranquiliza.
A lo largo de su vida, algunos llevarán el ancla puesta así como casi todo su lastre de origen; Otros quitarán algunos y pondrán otros, siguiendo a baja altitud, con o sin ancla puesta.
Cuando empezamos a aprender que las lecciones que nos trae la vida son enseñanzas y no sufrimientos, nos quitamos de encima los lastres.
Un sentimiento común a todos en esa etapa: ¡nos cuesta un montón cambiar!
“A medida que continuas en tu Vía de Redención Personal, te darás cuenta de que hay un crecimiento continuo de la presencia del Caos y de las Calamidades en los mundos que visitas. Tu pesadez e impaciencia aportan frustración – que te favorece el dudar. Ese pensamiento desaparecerá a su tiempo. Mientras tanto, permítete moverte más lentamente. Toma el tiempo para respirar, sentir, y fijarte en las cosas. La vida a ese nivel no se resume en lo que “haces” ¡Es más lo que te hace ella! En vez de intentar modificar el mundo externo, ábrete — y deja que los “cambios” necesarios se instalen dentro de ti.”
Al quitar impedimentos, empezamos a disfrutar del goce de conducir nuestro globo aunque sean 100 metros al principio: practicando el sentir nuestra vía en el “fluir”.
Empezamos a coger gusto a esa experiencia y en el próximo encuentro con un nuevo lastre – un nuevo desafío – en nuestra vida, que corresponde a otro bloqueo energético, nos acordamos de ello, dándonos animo.
Ya somos capaces de movernos 200 metros más. Empezamos a tocar con armonía.
Seguimos yendo más profundo, reconectándonos con más partes olvidadas de nosotros. Paulatinamente, nos damos cuenta comprendemos que en vez de identificarnos con el ancla y el lastre, atados a tierra, tiesos, tal vez podríamos ser la cesta y el globo que puede volar, fluir (que siempre estuvo presente pero ¡no nos dábamos cuenta!).
¡Pero no nos lo creemos de antemano! ¡No! ¡Sería demasiado rápido!
Preferimos sufrir un poco más, por el miedo a lo desconocido, la costumbre de ser así: el miedo del ego al cambio, …
No obstante, llega un momento cuando uno ya empieza a intuir tanto de la presencia del globo, su Ser, que toma la decisión de perseverar en su esfuerzo a marcha forzada, soltando más lastre con la impecabilidad del guerrero.
En su camino, se encuentra con especialistas, situaciones o personas que le van a ayudar, acortando pasos…
Cada vez más y más ligero, el globo baila en/con el viento.
Ahora toca Soltar. Soltar el núcleo de la personalidad, el ancla, el control, confiar en el Viento y su destreza al conducirnos para llevarnos a donde queremos, hacia nuestra Luz.
Para poder tocar nuestra Sinfonía Personal, bailar nuestra Danza, tenemos que Renacer a nosotros mismos. Pasar de la identificación con el ancla y el lastre a la del Globo.
“No todas las muertes son físicas, aunque sean terminales. Algunas personas morirán y renacerán a muchos niveles en una sola encarnación. Así sea. Los que suelen hacerlo experimentarán claramente la transición definitiva entre “muerte” y “nueva vida”. Sus cuerpos se quedarán, pero la experiencia de aquellos cambiará muchísimo. Al terminar el proceso de transformación, mirarán atrás y se preguntarán cómo habían podido vivir así en esta “otra” vida.”
Ese renacimiento, verdadero milagro, nos da una percepción diferente del día a día. Nos sentimos mucho más fuertes aunque sin anclas ni lastre para definirnos.
Nos volvemos el Observador de nosotros mismos.
Ya cada evento, cada palabra, es una pista hacia lo que inconscientemente sentimos/somos y que nos habla para poder ser reconectada al resto del Ser, en su consciencia.
Reconectándonos a nosotros mismos, reconociendo lo que somos realmente, el conductor del globo ya entiende como actuar. Dando un poco de calor en tal o cual momento decide qué corriente del Viento elegir para lograr su objetivo, el objeto de sus deseos. Pero confía siempre plenamente en el Viento para llevarle en su momento perfecto a su destino.
O sea que de verdad podemos descansar y dejar los detalles de nuestro viaje al Universo. Solamente tenemos que saber lo que queremos y elegir nuestro destino. Y siempre, siempre, llegaremos en el momento perfecto… ¡si no cambiamos de elección en el camino!
Por fin, podemos empezar a tocar nuestra Sinfonía, a tocar el cielo y comulgar con la Vida.
¡Y cada día nos embriagamos cada vez más de nuestra experiencia de la vida y de redescubrir partes nuestras olvidadas en un rincón de nuestra memoria energética!
Arnaud Saint-Paul
Matrona de Seres
Esa fase no se termina nunca pero digamos que es durante nuestra infancia y adolescencia donde acumulamos la mayoría.
Es decir, el núcleo de nuestra personalidad/ego que se forjó a raíz de nuestros aprendizajes y de nuestra identificación con el cuerpo físico.

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